21 de octubre de 2014

¿Has montado alguna vez una película en algún avión?



   Antes viajaba bastante en avión. Siempre con la misma compañía. Soy muy miedosa. Quiero decir, más de lo normal. De hecho, tomo varias  pastillas siempre antes de subir al avión. También me despido de la Tierra para siempre.
 
No sé qué cara tenía esta vez. A lo mejor más blanca y estresada de lo normal y que todos. Me ofrecieron uno de los sitios VIP, a pesar de que no había pagado por ello. Me dije: De acuerdo, quizá he tenido suerte o pasa algo.  Tomé mi asiento y empecé a respirar tranquilamente, intentando hacer mis trucos para calmarme. En situaciones de estrés la rutina es muy importante para mí. El auxiliar de vuelo se puso en el pasillo, enseñándonos qué hacer si pasaba algo. Y así fue cuando lo vi. ¡Impresionante! Alto, morenito, bien formado, esbelto…… con su cuerpazo y su uniforme. Una sonrisa de oreja a oreja y los ojos tan tranquilizadores y profundos…
Creo que fue mi cara lo que le llamó la atención y le dijo que a mí me pasaba algo. Se acercó y me preguntó:
-      ¿Qué tal, señorita? ¿Todo bien?
¡Ay, por amor de Dios! De cerca era aún más atractivo.
-      No. Estoy nerviosa y preocupada. Tengo miedo. He tomado varias pastillas pero no noto el efecto. ¿Puede quedarse a mi lado mientras el avión despega? - dije yo, buscando su mano. Pensaba: ¡Qué locura, María!
-      Por favor, - le dije - quéddse, coja mi mano, así estaría más segura y tranquila.
Él me atravesó con su mirada y me dijo:
-      Lo siento, señorita, pero mi asiento está allá - y me señaló al asiento del principio del avión, donde ya estaba sentada su compañera -  Todo irá bien - continuo él - Respire con profundidad, cierre los ojos y piense algo agradable. Mire, le doy un chicle. Es especialmente para esto. Tómelo y verá cómo mejoraran  las cosas.
Y se fue a su asiento… junto con mi miedo.
Me quedé con el chicle. Tenía de verdad un sabor delicioso. Hice lo que me dijo y así fue. Todo iba bien y yo me sentía tranquila.
Durante el vuelo me miraba sonriendo y me preguntaba muchas veces cómo estaba. Yo también le sonreía mientras dejaba volar mi imaginación.
Al bajar del avión le di mis gracias y me despedí. El contestó:
-      De nada. Hasta la próxima.
Después viajé una y otra vez con la misma compañía, buscando su cara y sonrisa. No obstante, nunca conseguí verlo de nuevo. Tampoco he podido encontrar un chicle con un sabor como el de aquel vuelo tan maravilloso.


YO