2 de octubre de 2013

MIS SUEÑOS DE LA INFANCIA

Cuando era niña nunca soñaba ser bailarina o modelo. Bueno, sí que a veces cuando a escondidas me ponía los zapatos que “hacen ruido al andar”. Es decir, los tacones de mi madre. Y, también, tiraba todo el contenido del armario al suelo en búsqueda del vestido más precioso, “el traje de la princesa”. Me ponía delante del espejo grande y críticamente estudiaba a mi duplicado. Luego agregaba dos rulos en el pelo y por fin levantaba la nariz con satisfacción. Pero, ¿habéis oído alguna vez en la vida de princesas con codos y rodilldas arañados?




Era traviesa y mis sueños no eran muy propios de una niña. Quería ser inspectora criminal, astronauta, inventora genial o famosa científica. Leí a Agatha Cristie, estudiaba el orden de los planetas del Sistema Solar, coleccionaba recortes de revistas con las imágenes de Luke y la Princesa Leia, y de todo lo relacionado con “Las Guerras de las Galaxias”. Diseñaba maquinas extrañas con el constructor infantil de metal. Pernos, tornillos, destornilladores, ¡qué placer!

Ser arqueóloga lo decidí durante un campamento escolar. Excavaba la tierra, cepillaba las cositas encontradas. Palas, pinceles y mucha esperanza para el gran descubrimiento, que, por desgracia, era solo un pedazo de ladrillo contemporáneo. Y “los garabatos antiguos” eran las siglas del fabricante. ¡Fin de este sueño! Como y del sueño de largos viajes de investigación científica. Ya me había cansado de viajar por las páginas del atlas geográfico.

¿Socorrista de la playa? No, no, hay mucha agua… Quería ser piloto. No solo de avión, sino también piloto-probador. Tenía miedo al tráfico intenso por las calles, pero si me cayera la oportunidad de hacer una carrera de coches en una pista, no me lo pensaría dos veces.

Ser bombero es una cosa fenomenal: luces, sirenas y camiones rojos enormes. ¿Existen mujeres bomberos? Pues, no lo sabía, pero estaba segura de que quería ser bombera. Subía por las verjas, saltaba por encima de las barandillas y corría por el jardín con una regadera infantil en la mano, “salvando la vida” de mi muñeca favorita. Bueno, bombera tampoco me hice, pero, aunque ya soy adulta y equilibrada, me sobresalto cada vez al oír el sonido de las sirenas. Hasta el día de hoy guardo un respeto profundo a los hombres valientes, que luchan con el fuego y salvan vidas.

Mientras los años galopeaban, los deseos cambiaban. Cumplí una parte de ellos, no obstante sin llegar a ser “grande”, “famosa” o “brillante”. Luego tuve otros sueños. Y nuevos logros y fracasos. Y otra vez sueños nuevos.

Mis sueños de la infancia ya son solo recuerdos. Últimamente me pillo a mí misma acordándome a menudo  de ellos. ¿Será por la edad? Miro hacia atrás, hacia los deseos lejanos y los comparo con los de los niños de hoy: “Quiero ser banquero… empresario… capitán de yate propio… conductor de todoterreno enorme… esposa de un hombre rico… “

¡Pobrecitos mis sueños de la infancia, lo ingenuas que eran! Casi como yo.

Pero estoy segura de que en este momento en algún lugar del mundo vive algún niño, que sueña ser inventor, descubridor, marinero, viajero o bombero. También existe alguna niña, que sueña lo mismo. Y sus deseos se harán realidad.
 

1 comentario:

  1. Hola!
    que guay la historia, me he reído mucho.
    he entrado en el blog para colgar mi deber sobre:" demasiado tarde para aprender"
    no me aclaro.
    nos vemos en clase.
    asseta

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